viernes, 28 de octubre de 2011

El juez Baltasar Garzón será juzgado a partir del 29 de noviembre

El juez Baltasar Garzón ha ejercido una justicia
de forma continuada y valiente durante veinte años
en la Audiencia Nacional, comprometida con la
defensa de los derechos humanos en España y en
el mundo contra dictadores, terroristas, corruptos
y enemigos de la democracia.
El juez Baltasar Garzón ha sido uno de los
principales promotores del desarrollo en España
del principio de Justicia Universal.
El juez Baltasar Garzón es víctima de una campaña
promovida por sectores de extrema derecha, Falange
Española y Manos Limpias, con una sorprendente
connivencia de algunos sectores progresistas.
El proceso contra el juez Baltasar Garzón es
en realidad un juicio sumario contra los defensores
de la Democracia, la Justicia y los Derechos Humanos
y a favor de la impunidad de crímenes muy graves
de carácter internacional.
El juez Baltasar Garzón es juzgado por una sala
del Tribunal Supremo en la que la mayoría de sus
miembros juraron lealtad al Movimiento Nacional
del franquismo.
Una sentencia adversa al juez Baltasar Garzón, tras
agotar las instancias judiciales españolas, acabaría
probablemente con una superior sentencia condenatoria
del Tribunal Europeo de Derechos Humanos
contra el Estado español.
El juez Baltasar Garzón representa el modelo de justicia
basado en la defensa de los Derechos Humanos conforme
con su Derecho Internacional que millones de ciudadanos
y víctimas reclaman en todo el mundo.
Ya en 2008 el Comité de Derechos Humanos de las
Naciones Unidas recomendó al Estado español la derogación
de la preconstitucional Ley de Amnistía de 1977.
Este caso vuelve a demostrar la necesidad
de la Justicia Internacional.
Incluso España, el país que intentó procesar al dictador
Pinochet, es incapaz de juzgar su propia dictadura.
Y quien lo intenta, es juzgado por ello.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Eduardo Galeano:
La paradoja andante
Cada día, leyendo los diarios, asisto a una clase de historia.
Los diarios me enseñan por lo que dicen y por lo que callan.
La historia es una paradoja andante. La contradicción le mueve las piernas. Quizá por eso sus silencios dicen más que sus palabras y con frecuencia sus palabras revelan, mintiendo, la verdad.
De aquí a poco se publicará un libro mío que se llama Espejos. Es algo así como una historia universal, y perdón por el atrevimiento. “Yo puedo resistir todo, menos la tentación”, decía Oscar Wilde, y confieso que he sucumbido a la tentación de contar algunos episodios de la aventura humana en el mundo, desde el punto de vista de los que no han salido en la foto.
Por decirlo de alguna manera, se trata de hechos no muy conocidos.
Aquí resumo algunos, algunitos nomás.
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Cuando fueron desalojados del Paraíso, Adán y Eva se mudaron al África, no a París.
Algún tiempo después, cuando ya sus hijos se habían lanzado a los caminos del mundo, se inventó la escritura. En Irak, no en Texas.
También el álgebra se inventó en Irak. La fundó Mohamed al-Jwarizmi, hace mil 200 años, y las palabras algoritmo y guarismo derivan de su nombre.
Los nombres suelen no coincidir con lo que nombran. En el British Museum, pongamos por caso, las esculturas del Partenón se llaman “mármoles de Elgin”, pero son mármoles de Fidias. Elgin se llamaba el inglés que las vendió al museo.
Las tres novedades que hicieron posible el Renacimiento europeo, la brújula, la pólvora y la imprenta, habían sido inventadas por los chinos, que también inventaron casi todo lo que Europa reinventó.
Los hindúes habían sabido antes que nadie que la Tierra era redonda y los mayas habían creado el calendario más exacto de todos los tiempos.
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En 1493, el Vaticano regaló América a España y obsequió el África negra a Portugal, “para que las naciones bárbaras sean reducidas a la fe católica”. Por entonces, América tenía 15 veces más habitantes que España y el África negra 100 veces más que Portugal.
Tal como había mandado el Papa, las naciones bárbaras fueron reducidas. Y muy.
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Tenochtitlán, el centro del imperio azteca, era de agua. Hernán Cortés demolió la ciudad, piedra por piedra, y con los escombros tapó los canales por donde navegaban 200 mil canoas. Ésta fue la primera guerra del agua en América. Ahora Tenochtitlán se llama México DF. Por donde corría el agua, corren los autos.
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El monumento más alto de la Argentina se ha erigido en homenaje al general Roca, que en el siglo XIX exterminó a los indios de la Patagonia.
La avenida más larga del Uruguay lleva el nombre del general Rivera, que en el siglo XIX exterminó a los últimos indios charrúas.
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John Locke, el filósofo de la libertad, era accionista de la Royal Africa Company, que compraba y vendía esclavos.
Mientras nacía el siglo XVIII, el primero de los borbones, Felipe V, estrenó su trono firmando un contrato con su primo, el rey de Francia, para que la Compagnie de Guinée vendiera negros en América. Cada monarca llevaba un 25 por ciento de las ganancias.
Nombres de algunos navíos negreros: Voltaire, Rousseau, Jesús, Esperanza, Igualdad, Amistad.
Dos de los Padres Fundadores de Estados Unidos se desvanecieron en la niebla de la historia oficial. Nadie recuerda a Robert Carter ni a Gouverner Morris. La amnesia recompensó sus actos. Carter fue el único prócer de la independencia que liberó a sus esclavos. Morris, redactor de la Constitución, se opuso a la cláusula que estableció que un esclavo equivalía a las tres quintas partes de una persona.
El nacimiento de una nación, la primera superproducción de Hollywood, se estrenó en 1915, en la Casa Blanca. El presidente Woodrow Wilson la aplaudió de pie. Él era el autor de los textos de la película, un himno racista de alabanza al Ku Klux Klan.
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Algunas fechas:
Desde el año 1234, y durante los siete siglos siguientes, la Iglesia católica prohibió que las mujeres cantaran en los templos. Eran impuras sus voces, por aquel asunto de Eva y el pecado original.
En el año 1783, el rey de España decretó que no eran deshonrosos los trabajos manuales, los llamados “oficios viles”, que hasta entonces implicaban la pérdida de la hidalguía.
Hasta el año 1986 fue legal el castigo de los niños en las escuelas de Inglaterra, con correas, varas y cachiporras.
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En nombre de la libertad, la igualdad y la fraternidad, la Revolución Francesa proclamó en 1793 la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Entonces, la militante revolucionaria Olympia de Gouges propuso la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana. La guillotina le cortó la cabeza.
Medio siglo después, otro gobierno revolucionario, durante la Primera Comuna de París, proclamó el sufragio universal. Al mismo tiempo, negó el derecho de voto a las mujeres, por unanimidad menos uno: 899 votos en contra, uno a favor.
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La emperatriz cristiana Teodora nunca dijo ser revolucionaria, ni cosa por el estilo. Pero hace mil 500 años el imperio bizantino fue, gracias a ella, el primer lugar del mundo donde el aborto y el divorcio fueron derechos de las mujeres.
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El general Ulises Grant, vencedor en la guerra del norte industrial contra el sur esclavista, fue luego presidente de Estados Unidos.
En 1875, respondiendo a las presiones británicas, contestó:
–Dentro de 200 años, cuando hayamos obtenido del proteccionismo todo lo que nos puede ofrecer, también nosotros adoptaremos la libertad de comercio.
Así pues, en el año 2075, la nación más proteccionista del mundo adoptará la libertad de comercio.
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Lootie, Botincito, fue el primer perro pequinés que llegó a Europa.
Viajó a Londres en 1860. Los ingleses lo bautizaron así, porque era parte del botín arrancado a China, al cabo de las dos largas guerras del opio.
Victoria, la reina narcotraficante, había impuesto el opio a cañonazos. China fue convertida en una nación de drogadictos, en nombre de la libertad, la libertad de comercio.
En nombre de la libertad, la libertad de comercio, Paraguay fue aniquilado en 1870. Al cabo de una guerra de cinco años, este país, el único país de las Américas que no debía un centavo a nadie, inauguró su deuda externa. A sus ruinas humeantes llegó, desde Londres, el primer préstamo. Fue destinado a pagar una enorme indemnización a Brasil, Argentina y Uruguay. El país asesinado pagó a los países asesinos, por el trabajo que se habían tomado asesinándolo.
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Haití también pagó una enorme indemnización. Desde que en 1804 conquistó su independencia, la nueva nación arrasada tuvo que pagar a Francia una fortuna, durante un siglo y medio, para expiar el pecado de su libertad.
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Las grandes empresas tienen derechos humanos en Estados Unidos. En 1886, la Suprema Corte de Justicia extendió los derechos humanos a las corporaciones privadas, y así sigue siendo.
Pocos años después, en defensa de los derechos humanos de sus empresas, Estados Unidos invadió 10 países, en diversos mares del mundo.
Entonces Mark Twain, dirigente de la Liga Antimperialista, propuso una nueva bandera, con calaveritas en lugar de estrellas, y otro escritor, Ambrose Bierce, comprobó:
–La guerra es el camino que Dios ha elegido para enseñarnos geografía.
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Los campos de concentración nacieron en África. Los ingleses iniciaron el experimento, y los alemanes lo desarrollaron. Después Hermann Göring aplicó, en Alemania, el modelo que su papá había ensayado, en 1904, en Namibia. Los maestros de Joseph Mengele habían estudiado, en el campo de concentración de Namibia, la anatomía de las razas inferiores. Los cobayos eran todos negros.
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En 1936, el Comité Olímpico Internacional no toleraba insolencias. En las Olimpiadas de 1936, organizadas por Hitler, la selección de futbol de Perú derrotó 4 a 2 a la selección de Austria, el país natal del Führer. El Comité Olímpico anuló el partido.
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A Hitler no le faltaron amigos. La Fundación Rockefeller financió investigaciones raciales y racistas de la medicina nazi. La Coca-Cola inventó la Fanta, en plena guerra, para el mercado alemán. La IBM hizo posible la identificación y clasificación de los judíos, y ésa fue la primera hazaña en gran escala del sistema de tarjetas perforadas.
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En 1953 estalló la protesta obrera en la Alemania comunista.
Los trabajadores se lanzaron a las calles y los tanques soviéticos se ocuparon de callarles la boca. Entonces Bertolt Brecht propuso: ¿No sería más fácil que el gobierno disuelva al pueblo y elija otro?
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Operaciones de marketing. La opinión pública es el target. Las guerras se venden mintiendo, como se venden los autos.
En 1964, Estados Unidos invadió Vietnam, porque Vietnam había atacado dos buques de Estados Unidos en el golfo de Tonkin. Cuando ya la guerra había destripado a una multitud de vietnamitas, el ministro de Defensa, Robert McNamara, reconoció que el ataque de Tonkin no había existido.
Cuarenta años después, la historia se repitió en Irak.
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Miles de años antes de que la invasión estadunidense llevara la Civilización a Irak, en esa tierra bárbara había nacido el primer poema de amor de la historia universal. En lengua sumeria, escrito en el barro, el poema narró el encuentro de una diosa y un pastor. Inanna, la diosa, amó esa noche como si fuera mortal. Dumuzi, el pastor, fue inmortal mientras duró esa noche.
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Paradojas andantes, paradojas estimulantes:
El Aleijadinho, el hombre más feo del Brasil, creó las más hermosas esculturas de la era colonial americana.
El libro de viajes de Marco Polo, aventura de la libertad, fue escrito en la cárcel de Génova.
Don Quijote de La Mancha, otra aventura de la libertad, nació en la cárcel de Sevilla.
Fueron nietos de esclavos los negros que generaron el jazz, la más libre de las músicas.
Uno de los mejores guitarristas de jazz, el gitano Django Reinhardt, tenía no más que dos dedos en su mano izquierda.
No tenía manos Grimod de la Reynière, el gran maestro de la cocina francesa. Con garfios escribía, cocinaba y comía.

lunes, 17 de mayo de 2010

El imperio del consumo


Eduardo Galeano.


La explosión del consumo en el mundo actual mete más ruido que todas las guerras y arma más alboroto que todos los carnavales. Como dice un viejo proverbio turco, quien bebe a cuenta, se emborracha el doble. La parranda aturde y nubla la mirada; esta gran borrachera universal
parece no tener límites en el tiempo ni en el espacio.
Pero la cultura de consumo suena mucho, como el tambor, porque está vacía; y a la hora de la verdad, cuando el estrépito cesa y se acaba la fiesta, el borracho despierta, solo, acompañado por su sombra y por los platos rotos que debe pagar.
La expansión de la demanda choca con las fronteras que le impone el mismo sistema que la genera. El sistema necesita mercados cada vez más abiertos y más amplios, como los pulmones necesitan el aire, y a la vez necesita que anden por los suelos, como andan, los precios de las materias primas y de la fuerza humana de trabajo.
El sistema habla en nombre de todos, a todos dirige sus imperiosas órdenes de consumo, entre todos difunde la fiebre compradora; pero ni modo: para casi todos, esta aventura comienza y
termina en la pantalla del televisor.
La mayoría, que se endeuda para tener cosas, termina teniendo nada más que deudas para pagar deudas que generan nuevas deudas, y acaba consumiendo fantasías que a veces materializa delinquiendo.

El derecho al derroche, privilegio de pocos, dice ser la libertad de todos. Dime cuánto consumes y te diré cuánto vales. Esta civilización no deja dormir a las flores, ni a las gallinas, ni a la gente. En los invernaderos, las flores están sometidas a luz continua, para que crezcan más rápido. En las fábricas de huevos, las gallinas también tienen prohibida la noche. Y la gente está condenada al insomnio, por la ansiedad de comprar y la angustia de pagar.
Este modo de vida no es muy bueno para la gente, pero es muy bueno para la industria farmacéutica. EEUU consume la mitad de los sedantes, ansiolíticos y demás drogas químicas que se venden legalmente en el mundo, y más de la mitad de las drogas prohibidas que se venden ilegalmente, lo que no es moco de pavo si se tiene en cuenta que EEUU apenas suma el cinco por ciento de la población mundial.
Gente infeliz, la que vive comparándose», lamenta una mujer en el barrio del Buceo, en Montevideo. El dolor de ya no ser, que otrora cantara el tango, ha dejado paso a la vergüenza de no tener.
Un hombre pobre es un pobre hombre. «Cuando no tenés nada, pensás que no valés nada», dice un muchacho en el barrio Villa Fiorito, de Buenos Aires. Y otro comprueba, en
la ciudad dominicana de San Francisco de Macorís: «Mis hermanos trabajan para las marcas. Viven comprando etiquetas, y viven sudando la gota gorda para pagar las cuotas.

Invisible violencia del mercado: la diversidad es enemiga de la rentabilidad, y la uniformidad manda. La producción en serie, en escala gigantesca, impone en todas partes sus obligatorias pautas de consumo.
Esta dictadura de la uniformización obligatoria es más devastadora que cualquier dictadura del partido único: impone, en el mundo entero, un modo de vida que reproduce a los seres humanos como fotocopias del consumidor ejemplar.

El consumidor ejemplar es el hombre quieto. Esta civilización, que confunde la cantidad con la calidad, confunde la gordura con la buena alimentación. Según la revista científica The Lancet, en la última década la «obesidad severa» ha crecido casi un 30 % entre la población joven de
los países más desarrollados.
Entre los niños norteamericanos, la obesidad aumentó en un 40% en los últimos dieciséis años, según la investigación reciente del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Colorado. El país que inventó las comidas y bebidas light, los diet food y los alimentos fat free, tiene la mayor cantidad de gordos del mundo.
El consumidor ejemplar sólo se baja del automóvil para trabajar y para mirar televisión. Sentado ante la pantalla chica, pasa cuatro horas diarias devorando comida de plástico. Triunfa la basura disfrazada de comida: esta industria está conquistando los paladares del mundo y está haciendo trizas las tradiciones de la cocina local. Las costumbres del buen comer, que vienen de lejos, tienen, en algunos países, miles de años de refinamiento y diversidad, y son un patrimonio colectivo que de alguna manera está en los fogones de todos y no sólo en la mesa de los ricos.
Esas tradiciones, esas señas de identida cultural, esas fiestas de la vida, están siendo apabulladas, de manera fulminante, por la imposición del saber químico y único: la globalización de la hamburguesa, la dictadura de la fast food. La plastificación de la comida en escala mundial, obra de McDonald's, Burger King y otras fábricas, viola exitosamente el derecho a la autodeterminación de la cocina: sagrado derecho, porque en la boca tiene el alma una de sus puertas.

El campeonato mundial de fútbol del 98 nos confirmó, entre otras cosas, que la tarjeta MasterCard tonifica los músculos, que la Coca-Cola brinda eterna juventud y que el menú de McDonald's no puede faltar en la barriga de un buen atleta. El inmenso ejército de McDonald's dispara hamburguesas a las bocas de los niños y de los adultos en el planeta entero.
El doble arco de esa M sirvió de estandarte, durante la reciente conquista de los países del Este de Europa. Las colas ante el McDonald's de Moscú, inaugurado en 1990 con bombos y platillos, simbolizaron la victoria de Occidente con tanta elocuencia como el desmoronamiento del Muro de Berlín. Un signo de los tiempos: esta empresa, que encarna las virtudes del mundo libre, niega a sus empleados la libertad de afiliarse a ningún sindicato.
McDonald's viola, así, un derecho legalmente consagrado en los muchos países donde opera. En 1997, algunos trabajadores, miembros de eso que la empresa llama la Macfamilia, intentaron sindicalizarse en un restorán de Montreal en Canadá: el restorán cerró. Pero en el 98, otros empleados de McDonald's, en una pequeña ciudad cercana a Vancouver, lograron esa conquista, digna de la Guía Guinness.
Las masas consumidoras reciben órdenes en un idioma universal: la publicidad ha logrado lo que el esperanto quiso y no pudo. Cualquiera entiende, en cualquier lugar, los mensajes que el televisor transmite. En el último cuarto de siglo, los gastos de publicidad se han duplicado en el mundo. Gracias a ellos, los niños pobres toman cada vez más Coca-Cola y cada vez menos leche, y el tiempo de ocio se va haciendo tiempo de consumo obligatorio.
Tiempo libre, tiempo prisionero: las casas muy pobres no tienen cama, pero tienen televisor, y el televisor tiene la palabra. Comprado a plazos, ese animalito prueba la vocación democrática del progreso: a nadie escucha, pero habla para todos. Pobres y ricos conocen, así, las virtudes de los automóviles último modelo, y pobres y ricos se enteran de las ventajosas tasas de interés que tal o cual banco ofrece.
Los expertos saben convertir a las mercancías en mágicos conjuntos contra la soledad. Las cosas tienen atributos humanos: acarician, acompañan, comprenden, ayudan, el perfume te besa y el auto es el amigo que nunca falla. La cultura del consumo ha hecho de la soledad el más lucrativo de los mercados.
Los agujeros del pecho se llenan atiborrándolos de cosas, o soñando con hacerlo. Y las cosas no solamente pueden abrazar: ellas también pueden ser símbolos de ascenso social, salvoconductos para atravesar las aduanas de la sociedad de clases, llaves que abren las puertas prohibidas. Cuanto más exclusivas, mejor: las cosas te eligen y te salvan del anonimato multitudinario. La publicidad no informa sobre el producto que vende, o rara vez lo hace. Eso es lo de menos. Su función primordial consiste en compensar frustraciones y alimentar fantasías: ¿En quién quiere usted convertirse comprando esta loción de afeitar?
El criminólogo Anthony Platt ha observado que los delitos de la calle no son solamente fruto de la pobreza extrema. También son fruto de la ética individualista. La obsesión social del éxito, dice Platt, incide decisivamente sobre la apropiación ilegal de las cosas. Yo siempre he escuchado decir que el dinero no produce la felicidad; pero cualquier televidente pobre tiene motivos de sobra para creer que el dinero produce algo tan parecido, que la diferencia es asunto de especialistas.
Según el historiador Eric Hobsbawm, el siglo XX puso fin a siete mil años de vida humana centrada en la agricultura desde que aparecieron los primeros cultivos, a fines del paleolítico. La población mundial se urbaniza, los campesinos se hacen ciudadanos. En América Latina tenemo campos sin nadie y enormes hormigueros urbanos: las mayores ciudades del mundo, y las más injustas. Expulsados por la agricultura moderna de exportación, y por la erosión de sus tierras, los campesinos invaden los suburbios. Ellos creen que Dios está en todas partes, pero por experiencia saben que atiende en las grandes urbes. Las ciudades prometen trabajo, prosperidad, un porvenir para los hijos.
En los campos, los esperadores miran pasar la vida, y mueren bostezando; en las ciudades, la vida ocurre, y llama. Hacinados en tugurios, lo primero que descubren los recién llegados es que el trabajo falta y los brazos sobran, que nada es gratis y que los más caros artículos de lujo son el aire y el silencio. Mientras nacía el siglo XIV, fray Giordano da Rivalto pronunció en Florencia un elogio de las ciudades. Dijo que las ciudades crecían «porque la gente tiene el gusto de juntarse». Juntarse, encontrarse.
Ahora, ¿quién se encuentra con quién? ¿Se encuentra la esperanza con la realidad? El deseo, ¿se encuentra con el mundo? Y la gente, ¿se encuentra con la gente? Si las relaciones humanas han sido reducidas a relaciones entre cosas, ¿cuánta gente se encuentra con las cosas? El mundo entero tiende a convertirse en una gran pantalla de televisión, donde las cosas se miran pero no se tocan. Las mercancías en oferta invaden y privatizan los espacios públicos. Las estaciones de autobuses y de trenes, que hasta hace poco eran espacios de encuentro entre personas, se están convirtiendo ahora en espacios de exhibición comercial.
El shopping center, o shopping mall, vidriera de todas las vidrieras, impone su presencia avasallante. Las multitudes acuden, en peregrinación, a este templo mayor de las misas del consumo. La mayoría de los devotos contempla, en éxtasis, las cosas que sus bolsillos no pueden pagar, mientras la minoría compradora se somete al bombardeo de la oferta incesante y extenuante. El gentío, que sube y baja por las escaleras mecánicas, viaja por el mundo: los maniquíes visten como en Milán o París y las máquinas suenan como en Chicago, y para ver y oír no es preciso pagar pasaje.
Los turistas venidos de los pueblos del interior, o de las ciudades que aún no han merecido estas bendiciones de la felicidad moderna, posan para la foto, al pie de las marcas internacionales más famosas, como antes posaban al pie de la estatua del prócer en la plaza. Beatriz Solano ha observado que los habitantes de los barrios suburbanos acuden al center, al shopping center, como antes acudían al centro. El tradicional paseo del fin de semana al centro de la ciudad, tiende a ser sustituido por la excursión a estos centros urbanos. Lavados y planchados y peinados, vestidos con sus mejores galas, los visitantes vienen a una fiesta donde no son convidados, pero pueden ser mirones.
Familias enteras emprenden el viaje en la cápsula espacial que recorre el universo del consumo, donde la estética del mercado ha diseñado un paisaje alucinante de modelos, marcas y etiquetas. La cultura del consumo, cultura de lo efímero, condena todo al desuso mediático. Todo cambia al ritmo vertiginoso de la moda, puesta al servicio de la necesidad de vender. Las cosas envejecen en un parpadeo, para ser reemplazadas por otras cosas de vida fugaz. Hoy que lo único que permanece es la inseguridad, las mercancías, fabricadas para no durar, resultan tan volátiles como el capital que las financia y el trabajo que las genera. El dinero vuela a la velocidad de la luz: ayer estaba allá, hoy está aquí, mañana quién sabe, y todo trabajador es un desempleado en potencia. Paradójicamente, los shoppings centers, reinos de la fugacidad, ofrecen la más exitosa ilusión de seguridad. Ellos resisten fuera del tiempo, sin edad y sin raíz, sin noche y sin día y sin memoria, y existen fuera del espacio, más allá de las turbulencias de la peligrosa realidad del mundo.
Los dueños del mundo usan al mundo como si fuera descartable: una mercancía de vida efímera, que se agota como se agotan, a poco de nacer, las imágenes que dispara la ametralladora de la televisión y las modas y los ídolos que la publicidad lanza, sin tregua, al mercado. Pero, ¿a qué otro mundo vamos a mudarnos? ¿Estamos todos obligados a creernos el cuento de que Dios ha vendido el planeta a unas cuantas empresas, porque estando de mal humor decidió privatizar el universo?
La sociedad de consumo es una trampa cazabobos. Los que tienen la manija simulan ignorarlo, pero cualquiera que tenga ojos en la cara puede ver que la gran mayoría de la gente consume poco, poquito y nada necesariamente, para garantizar la existencia de la poca naturaleza que nos queda. La injusticia social no es un error a corregir, ni un defecto a superar: es una necesidad esencial. No hay naturaleza capaz de alimentar a un shopping center del tamaño del planeta.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Eduardo Galeano: El pueblo respondió a la oligarquía uruguya que creía que iba a gobernar una eternidad


Montevideo, 30 de noviembre. El escritor uruguayo Eduardo Galeano consideró este lunes que el triunfo de la fórmula del Frente Amplio, el ex guerrillero tupamaro José Mujica, y Danilo Astori, que obtenía 53 por ciento de los votos en los últimos escrutinios, superando por unos 10 puntos a los partidos Nacional (Blanco) y Colorado, es "una victoria muy importante de una alianza de agrupaciones progresistas que derrotaron a sectores conservadores, una oligarquía que imaginaba que iba a gobernar toda una eternidad, pero el pueblo dio la respuesta".

Galeano, quien compartió reuniones con centenares de uruguayos que llegaron a su país desde Argentina, Chile, Brasil, Europa y otros, señaló a La Jornada que la "fortaleza del Frente Amplio es la diversidad de partidos que lo integran y que han aprendido a respetarse", en referencia a la forma en que se resuelven las internas frenteamplistas con fuertes debates, pero con decisiones finalmente conjuntas que permitieron gobernar con estabilidad estos cinco años que se cumplirán en marzo del 2004, lo que tuvo un apoyo mayoritario de la población.

Esta apreciación de Galeano habla de una de las sociedades más maduras de la región.

Pero el escritor uruguayo también resaltó que en medio de tanta alegría "me siento derrotado en dos cuestiones", como lo que significa no haber logrado un triunfo en la lucha por derogar la Ley de Caducidad de 1986, que permitió la impunidad y resulta "un obstáculo para la democracia", en el plebiscito que se realizó el 25 de octubre pasado.

Él mismo se considera uno "de los padres" de este reclamo para terminar con la llamada popularmente ley de impunidad. El otro tema es la derrota en el plebiscito para que se legislara el "voto epistolar" y con esto dar una respuesta a los miles de uruguayos que viven en el exterior.

A Galeano le duele profundamente la diáspora uruguaya, como un hombre que vivió tanto tiempo en el exilio. "Los uruguayos tienen todo el derecho a votar. Muchos pueden venir desde Argentina y otros países cercanos. Pero debemos preguntarnos qué pasa con los que viven en países lejanos, como Australia", donde hay una importante comunidad uruguaya.

Por lo pronto, los presidentes brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva; venezolano, Hugo Chávez; mexicano, Felipe Calderón; chilena, Michelle Bachelet; argentina, Cristina Fernández de Kirchner, y salvadoreño, Mauricio Funes, entre otros, felicitaron por separado a Mujica por su victoria. También lo hicieron los gobiernos de Bolivia, Ecuador y Estados Unidos.

Hay expectativa por la formación del nuevo gabinete, donde podría haber acuerdos, como se ha sugerido, para ofrecer cargos a los opositores. Pero también se puso en claro que habrá continuidad en varias áreas, recordando que Mujica y Astori fueron ministros de Vázquez.

Lo que espera Mujica es dar los pasos sociales que fueron contenidos durante el anterior gobierno ante la necesidad de recuperar la economía nacional y darle un nuevo ordenamiento. Para el nuevo presidente, que asume su mandato de cinco años el próximo primero de marzo, todo será un desafío.

sábado, 21 de noviembre de 2009

MUCHO PARA RECORDAR


¿Por qué Batlle paró la investigación del robo de armas en la Armada?
Preguntas inocentes

En el año 2001, durante el gobierno de Jorge Batlle, se denunció el ocultamiento de varios hechos irregulares ocurridos en la Armada. En 1997, durante el gobierno de Sanguinetti, se descubrió un faltante de municiones, parte del cual estaba en manos de un civil de militancia ultranacionalista llamado Honorio Méndez, que habría sido contratado por la Armada en función de sus conocimientos sobre explosivos.

Alberto Grille

En el año 2001, durante el gobierno de Jorge Batlle, se denunció el ocultamiento de varios hechos irregulares ocurridos en la Armada. En 1997, durante el gobierno de Sanguinetti, se descubrió un faltante de municiones, parte del cual estaba en manos de un civil de militancia ultranacionalista llamado Honorio Méndez, que habría sido contratado por la Armada en función de sus conocimientos sobre explosivos. En el año 2000, en razón de que este personaje vendía municiones calibre 7.62 a 150 dólares los mil tiros, se hizo una investigación en la Armada y se encontró que en 2001 se había dado de baja a 7.000 municiones con el argumento de que estaban en mal estado. Cuando se investigaba este faltante y otro de dinero, en un descuido, quien estaba a cargo del arsenal -teniente de navío Víctor González, curiosamente reservista que estaba bajo arresto a rigor- se suicidó de un disparo en el ojo derecho. Fuentes forenses llaman la atención de que siendo este oficial zurdo, tomó la pistola con la mano derecha y se pegó un tiro en el ojo derecho. En el arqueo se encontró que el faltante era de 11.000 municiones, parte de las cuales se encontró en la casa del tal Honorio Méndez. Tales episodios y otros que habían permanecido ocultos tales como el robo de US$ 40.000 que habían faltado en su momento de la caja fuerte del comandante en jefe vicealmirante Raúl Risso (¿qué hacían tantos dólares en ese lugar?), motivaron la renuncia del comandante contralmirante Francisco Pazos y la asunción del contralmirante Carlos Giani a la Comandancia de la Armada.

Carlos Giani -muy allegado al ex presidente Sanguinetti y mano derecha del teniente general del Ejército Hugo Medina- asumió sin que Pazos fuera oficialmente relevado, se comprometió en televisión a hacer un arqueo y una auditoría completa y presentó un informe al ministro Brezzo, informe que ha permanecido oculto, al parecer por orden del (ex) presidente de la República doctor Jorge Batlle.

En ese informe Carlos Giani habría informado que el faltante era de: 200 fusiles, 1.570.000 municiones y fusiles M16, subametralladoras y fusiles AK 47, caños de fusiles Springfield, explosivos y repuestos de fusiles M1, hecho de una gravedad inusitada que sólo puede haber permanecido en secreto por orden del comandante en jefe, en este caso el presidente de la República.

En el caso de los AK47 la consignación es de extrema gravedad, porque de ser así, tales armas no estarían en los registros de las robadas ni en las que tendría la Armada y su existencia, probablemente de las misiones en el Congo, comprometería también a la Fuerza Aérea, máxime si probablemente fueran armas incautadas a la guerrilla.

El ministro Brezzo hizo driblings durante toda la interpelación, en la que se involucró a un alto jerarca de Ministerio de Vivienda, en este caso el director de Ordenamiento Territorial Herman Leis, el doctor Roberto Yavarone, el diputado Daniel García Pintos y el empresario de la construcción González Conde quienes al parecer compraban las municiones robadas de un polvorín del Servicio de Material y Armamento de la Armada.

El caso de Yavarone es el más sorprendente porque el día antes del suicidio del teniente Víctor González, siendo subsecretario de Defensa, estuvo comiendo un asado de camaradería en el Servicio de Material y Armamento de la Armada junto a algunos conocidos adquirentes y fanáticos de armas portátiles, y se manifestó muy disgustado por la persecución ideológica que se hacía al teniente de reserva Víctor González, quien en ese momento estaba bajo arresto a rigor y del que se manifestó muy amigo.

Yavarone, un abogado que integra actualmente el directorio del Partido Colorado, habría manifestado en una oportunidad ante oficiales de la Armada,refiriéndose al capitán de Navío Alex Level, en su ausencia, “que si seguía jodiendo con la investigación del Valiente, lo iba a hacer mierda y sería boleta”.

¿Quién asesora a Borsari en materia de seguridad?
Preguntas inocentes

Un oficial retirado de la Policía viaja habitualmente a Uruguay protegido por amigos que dice tener en la Policía y en la política, en donde revista en el Partido Nacional. Fue custodia de Gonzalo Aguirre cuando éste se desempeñó en la Vicepresidencia de la República y el propio Gonzalo Aguirre lo defendió asesorándolo como abogado y ante la propia Policía.

Alberto Grille

Un oficial retirado de la Policía, investigado por contrabando, que ingresa clandestinamente a Uruguay y que dice vivir en Buenos Aires, es el asesor en seguridad del diputado Borsari;; está requerido por actividades ilícitas y su procesamiento iba a ser pedido en 2002 por la doctora Ana Lima, cuando pasó a la clandestinidad y presuntamente huyó del país.

Sin embargo, el inspector Artigas Rivero continúa viajando a Uruguay, donde en 2004 le hice una entrevista -en una mansión de la zona sur de Carrasco- luego que llegó caminando, vestido con una remera turquesa, un gorrito de pelotero, lentes negros, zapatos Nike y jean de marca.

Artigas Rivero es un extraño personaje que la Policía vincula al contrabando de cigarrillos y whisky y a quien apodan ”Rey del bagayo”. Intensamente buscado por el inspector Julio Guarteche y la Brigada Antidrogas, fue procesado y condenado por abigeato, contrabando y faena clandestina junto al subcomisario Pablo Porto, y recibió la libertad por gracia de la Corte.

Durante el gobierno blanco, cuando el Tribunal de Honor de la Región Policial Nº1 iba a concluir por unanimidad en que Rivero había cometido “faltas gravísimas” -mérito suficiente para la cesantía y falta de jubilación- Juan Andrés Ramírez cesó sorpresivamente a uno de los miembros del Tribunal, lo que impidió la resolución.

El negocio de Rivero consistía, según fuentes judiciales y policiales, en la utilización de una empresa de la cual sería propietario, una sociedad anónima de nombre Indesur, a través de la cual se triangularía ilegalmente cargamentos de cigarrillos, de la misma forma en que se hacía a través de la zona franca de Rivera por parte de empresarios, policías y aduaneros. Se le atribuye también fortuna, viajes, y poseer -siendo policía- vehículos costosos, estancias...

Viaja habitualmente a Uruguay protegido por amigos que dice tener en la Policía y en la política, donde revista en el Partido Nacional. Fue custodia de Gonzalo Aguirre cuando éste se desempeñó en la Vicepresidencia de la República y el propio Gonzalo Aguirre lo defendió asesorándolo como abogado y ante la propia Policía.

El diputado Gustavo Borsari lo llevó a trabajar en Comisión con él en el Parlamento y aún lo asesora en materia de seguridad y toda la amplia gama de temas que abarca el aspecto de la seguridad policial. Cuando Borsari fue preguntado por la prensa por su relación con Rivero, dijo que se había desvinculado de él tres meses antes de saber de sus actividades delictivas. Sin embargo, Rivero afirmó que él gozaba de licencia extraordinaria en ese momento y que cuando un policía le avisó que iba a ser procesado, decidió no reintegrarse a su cargo y permanecer fuera del país.

Artigas Rivero Bica es un peso pesado. Se le atribuye una fortuna de 10.000.000 de dólares, generada a partir de operaciones ilegales y de una maquinaria de corrupción. Su captura está pedida también por la Justicia argentina por “contrabando calificado”, pero hay información concreta de que registra salidas legales e ilegales a ambos países, al parecer por sus contactos políticos y policiales que le garantizan libre circulación y protección.

Desde que asumió el gobierno de Lacalle, la fortuna de Rivero Bica creció inconmensurablemente. Por su amistad con la esposa de Gonzalo Aguirre integró su equipo de seguridad, y gozó de inmunidades que le daba su proximidad con el poder.

Hoy dice vivir en Argentina, tiene un pequeño hijo y espera el año próximo, en que su delito prescribe, cuando podrá pasear -ahora sin protección y sin ocultarse detrás de unos lentes negros- por las calles de Montevideo e incluso entrar al despacho del diputado Gustavo Borsari para asesorarlo libremente en materia de seguridad

Cuando Feldman y Diego Balestra aconsejaban invertir en negocios seguros
Ambos dirigían la empresa Fondo Forestal SA

Hace 12 años Saúl Feldman ingresaba junto con el presidente de la Cámara de Industrias Diego Balestra, al negocio forestal. Ambos fundaron la empresa Fondo Forestal SA y para explicar el negocio, el Ing. Balestra junto a Saúl Feldman concedió una entrevista a la revista Objetivo Empresarial. Corría el año 1997.

Mateo Grille

La Justicia trata de avanzar por un laberinto. Las agendas de Feldman, sus cuentas bancarias, los 300.000 dólares en bonos europeos, el teléfono de militares e industriales son piezas, pero nadie logra ni siquiera adivinar las dimensiones y características del todo. La Justicia no descarta hipótesis alguna, pero mientras trata de investigar en forma coherente y de proteger los procedimientos de una embestida “baguala” de datos de la oposición que nada aclaran, reconstruir el pasado se vuelve clave para saber cómo funcionaba el único disco duro con la información fundamental: el que murió en la cabeza de Feldman.

El título de tapa de la edición de ayer del diario El Observador dice “Agenda de Feldman: indagan a varios militares e industriales”. “En base a los contactos que aparecen en esa agenda se está elaborando un listado de personas a interrogar para intentar develar el misterio al dueño de las 700 armas que se atrincheró y resistió la detención hasta morir”. La lista de militares e industriales no se conoce, pero se supone que la indagatoria de quienes la integran permitirá obtener pistas para continuar investigando un caso único en el país. Los vínculos de Feldman con sectores militares no se han probado, pero existen indicios, además de presunciones, sobre la cercanía que éste pudiera haber tenido con algún sector castrense que le permitió acopiar algunas de las 700 armas que el contador tenía en su poder. Sobre todo, la Justicia se pregunta mediante qué camino llegaron a Feldman las armas robadas de dependencias militares. Por otra parte, los vínculos con sectores industriales tampoco están claros y las pesquisas sobre el particular también se espera arrojen indicios sobre los cuales continuar la investigación.

Feldman no era militar, pero alguna vez supo ser un empresario relativamente próspero. En 1996 Saúl Feldman fundó la compañía Fondo Forestal SA. De esa empresa fue gerente, compartiendo directorio, proyectos y visiones, entre otros, con el Ing. Diego Balestra, quien por aquel entonces ya era presidente de la Cámara de Industrias del Uruguay. La empresa fundada por Feldman y Balestra contaba con explotaciones forestales en Tacuarembó y Durazno, además de desarrollar un programa de forestación de 30.000 hectáreas de madera pulpable y 10.000 hectáreas de madera para aserradero, tanto para la industria local como para la exportación. La firma, según decía su hoy caída página web, “ya ha forestado más de 5.000 hectáreas siendo el mecanismo operativo el de vender a inversores individuales (de Uruguay y Argentina) fracciones forestadas con eucalipto globulus, maideni y grandis”.

Existe al menos un registro gráfico de un encuentro entre Diego Balestra y Saúl Feldman. Fue para la octava edición de la revista Objetivo Empresarial publicada en 1997. En ella, Balestra y Feldman relataban las bondades de un proyecto de compra de parcelas para la forestación que llevaba adelante la empresa Fondo Forestal SA. Nada mejor para publicitar el proyecto de un negocio, que ya se veía iba a ser particularmente rentable, que hacer entrevista conjunta con dos de los directivos más prominentes de Fondo Forestal SA, Diego Balestra y Saúl Feldman. Sonrientes delante de un logotipo de la empresa, Balestra y Feldman son fotografiados antes de relatar por qué hay que invertir en árboles. “El negocio es seguro...” dice Feldman (que es presentado como “economista de 52 años y consultor de empresas industriales y de servicios. Ha organizado grupos inversores en el sector de la construcción desde 1976 a 1990. En 1991 funda Alto Paraná SA, empresa dedicada a la forestación y se especializa en el área de producción y comercialización”), “... porque se está invirtiendo en tierra y árboles. Jurídicamente se brindan todas las garantías y se asegura el derecho de propiedad como con cualquier bien. Fondo Forestal hace un contrato de mantenimiento del bosque hasta el momento de la tala, de tal forma que si el inversor lo desea no tiene que ocuparse de nada”. Consultado sobre la sustancia del negocio, Feldman sostiene: “A un pequeño o mediano inversor le sería imposible invertir cuarenta o sesenta mil dólares en forma rentable, porque no hay economía de escala. Al momento de vender le van a pagar por su madera la cuarta parte de lo que vale en el mercado. Participando en un proyecto como Fondo Forestal, donde se compran parcelas en un campo de mil hectáreas, la exportación de la cosecha puede implicar fletar ocho o nueve barcos, y de esa manera acceder al precio internacional. El objetivo del emprendimiento, dice Feldman, es generar una cantidad de madera suficiente también con el fin de industrializarla, de manera que Fondo Forestal hace un buen negocio y el inversor también. Nos sentimos conductores de ese proceso. Se debe considerar, además, algo que es fundamental: la trayectoria comercial, industrial y moral de quienes acompañan el proyecto”. Cuando toma la palabra Diego Balestra parece igualmente esperanzado: “Muchos de los que integramos Fondo Forestal también invertimos en parcelas y tenemos unas cuántas compradas, porque creemos que es un negocio muy interesante y que si sirve para otros sirve mucho más para nosotros”.

Feldman y Balestra continuaron desgranando los aspectos positivos de un negocio que pronto comenzó a dar ganancias. Negocio que matizaba Feldman con su hobby favorito, el acopio de armas vaya uno a saber con qué destino.

La violencia que Lacalle no pudo controlar
Atentados con bombas y armas de fuego

A Luis Alberto Lacalle le encanta mostrarse como un ex presidente con celoso sentido de la autoridad, pero cuando él fue gobernante resurgió el terrorismo de ultraderecha que puso bombas y realizó atentados a balazos. Creció el delito y la privatización de la seguridad. Y fue aquí donde asesinaron al chileno Eugenio Berríos.

José María Rodríguez

La imagen de político solvente que procura trasmitir Lacalle, que fue presidente de Uruguay durante cinco años (1990-1995), choca con lo que registra la prensa de aquellos años. “Las rapiñas, copamiento de fincas, las desapariciones y muertes, especialmente de mujeres jóvenes, son los emergentes de un estado de inseguridad que lleva al miedo, a la modificación de pautas de comportamiento social, que hacen que las personas se retraigan a sus hogares tempranamente”, sintetizaba el diario El Día en su edición del 22 de octubre de 1993. El matutino que dirigía Enrique Tarigo publicó cifras sobre el crecimiento del delito y sostuvo que desde la vuelta a la democracia en 1985 las empresas privadas de seguridad habían aumentado 300%.

Lacalle asumió el 1º de marzo de 1990. En setiembre de aquel año, el blanco de estas organizaciones -que operaban en la sombra- fueron una sinagoga de la calle José L. Terra (Montevideo), donde detonó un artefacto explosivo, y el cementerio judío de La Paz (Canelones), donde el día 23 apareció una veintena de tumbas pintadas con símbolos del nazismo: cruces gamadas y distintivos de las SS.

A la hora 2.30 del 11 de enero de 1991 una potente bomba destruyó el auto del diputado frentista Hugo Cores, estacionado frente a su casa, en 14 de julio y Rivera. El hecho fue reivindicado por el Comando Lavalleja, cuyos miembros siguen aún impunes pese a los años transcurridos.

Pero el 29 de abril de aquel año irrumpió otra organización, la Guardia de Artigas, que asumió la autoría de un atentado con una bomba colocada en el estudio jurídico del ex presidente colorado Julio María Sanguinetti, en Zabala 1276. Pocos días después, el 1º de mayo, otra bomba estallaría en un puente ferroviario cerca de la ciudad de Minas. Y nuevamente tomó estado público la existencia del Comando Lavalleja.

La oposición colorada y frentista reclamó respuestas, pero los ministros de Lacalle nada pudieron informar. La Guardia de Artigas llegó a secuestrar al periodista Alfonso Lessa, hoy gerente de noticias de Canal 12, que con sus ojos vendados pudo hablar con algunos de sus miembros. El 22 de mayo, “expertos” ingresaron al domicilio del entonces diputado frentista José Díaz en Pocitos y revisaron su archivo, huyendo por una azotea cuando inesperadamente regresó la esposa del parlamentario. Cinco días más tarde el estudio de Sanguinetti en Ciudad Vieja fue visitado por desconocidos que revolvieron todos los papeles y se fueron sin llevarse nada.

El 24 de setiembre nuevamente Cores fue objeto de un atentado terrorista: nueve proyectiles de 9 milímetros se incrustaron en la puerta de su casa, en horas de la madrugada. El 28 de octubre fue desactivada una bomba colocada en la casa de veraneo del jefe de la Armada, James Coates, amigo de Lacalle, que a instancias del político blanco pasó -en muy poco tiempo- de capitán de navío a vicealmirante.

Noviembre de 1992 es el mes de las grandes sorpresas: el 16, se produjo la primera masiva huelga de la Policía uruguaya, que demandaba mejoras en sus miserables ingresos. En todos esos días, detonaron explosivos cerca de la residencia presidencial del Prado;; en el entorno del entonces nuevo edificio de las comisiones del Palacio Legislativo;; en el entorno del grupo de Artillería Nº 5 en José Mª Silva y Burgues, Montevideo, donde pocas horas antes había estado cenando el jefe del Ejército teniente general Juan Rebollo con un grupo de generales, y hasta en una caseta de custodia de la embajada norteamericana en la rambla República Argentina.

99% asesinado

El programa de privatizaciones encarado con entusiasmo por Lacalle avanzó, y la ley de empresas públicas fue aprobada. La reacción no se hizo esperar. Se levantaron firmas y fue citado un referéndum. En plena campaña, en la madrugada del 6 de diciembre de 1992, uno de los locales en los que se organizaba la movilización en la capital -Guayabo y Tacuarembó- fue blanco de 13 disparos con un arma calibre 7.65 mm.

“Montevideo vive una situación de desprotección extendida” decía en el Parlamento el senador batllista Carlos W. Cigliutti. “Este Poder Ejecutivo debe

buscar a los responsables (de los delitos) y arbitrar todas las medidas que estén a su alcance”, subrayaba por su parte el senador blanco Wilson Elso Goñi. Lapidario, el senador frentista José Korzeniak afirmaba: “Existe una clara ineficiencia de los servicios (de seguridad) que deberían actuar (y) el gobierno no ha sabido manejarse, no ha habido fuerza ni voluntad política”.

El 5 de mayo de 1993 empezó a circular un documento anónimo de origen policial en el que se denuncia la situación del bioquímico chileno Eugenio Berríos, que el 15 de noviembre del año anterior se había presentado en la comisaría de Parque del Plata diciendo que lo tenían secuestrado y pidiendo auxilio. El episodio ha sido definido como “un golpe de Estado técnico” (ver Silencio de estado, Sergio Israel).

El gobierno arrancó con fuerza: destituyó al jefe de Policía de Canelones coronel Ramón Rivas. Lacalle, que estaba en Londres, adelantó su regreso. Aseguró que llegaría al fondo pero después dijo que era un asunto básicamente chileno. Y los atentados siguieron: disparos de origen anónimo, en la casa del Prado de quien acompañó a Berríos hasta la comisaría (capitán Hugo Cabrera), en el juzgado de Pando (juez Rolando Vomero) y una bomba estalló en la casa del fiscal penal José Barbagelata (31 de diciembre de 1993). Tomás Cassella (uno de los tres militares que estuvo junto a Berríos, hoy en Chile, procesado por su Justicia), es ascendido a coronel por el gobierno. La Justicia archivó el caso, sin perjuicio. El gobierno dijo que Berríos se encontraba en el exterior. Pero su cuerpo sin vida, con dos impactos de bala, apareció el 13 de abril de 1995 en las dunas de El Pinar.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Neoliberalismo, medios de comunicación y democracia


Ricardo Forster
Doctor en Filosofía, profesor de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA).

“El espectáculo se presenta como una enorme positividad indiscutible e inaccesible. No dice nada más que esto: ‘lo que aparece es bueno, lo bueno es lo que aparece’. La actitud que por principio exige es esa aceptación pasiva que ya ha obtenido de hecho gracias a su manera de aparecer sin réplica, gracias a su monopolio de las apariencias.” Guy Debord
1 En el mismo momento histórico en el que caía el Muro de Berlín y se desplomaba como un castillo de naipes el sistema soviético, cuando casi atónitos contemplamos la apertura de una época que de un modo arrollador se deshacía de imágenes, lenguajes políticos, ideologías y prácticas que habían convulsionado y apasionado durante más de un siglo a hombres y mujeres de las geografías más diversas y distantes, lo que emergió como exponente de una nueva época del mundo fue la forma neoliberal del capitalismo tardío.
Las últimas décadas del siglo XX estuvieron atravesadas por la hegemonía de un discurso que se ufanaba de haber concluido, de una vez y para siempre, con las disputas ideológicas, al mismo tiempo que afirmaba la llegada de un tiempo articulado alrededor de la economía de mercado y de la democracia liberal. Fin de la historia y muerte de las ideologías para desplazarse, ahora, por los espacios rutilantes del consumo, el reino de las mercancías y el goce hedonista. Los escenarios, ya antiguos, de las conflictividades políticas y sociales serían pacientemente reconstruidos en los nuevos museos temáticos, sitios interactivos en los que el visitante de estos tiempos poshistóricos podría contemplar aquello que sucedía en los días ideologizados. La paz del mercado desplazó, eso se anunció a los cuatro vientos, las oscuras turbulencias de una historia dominada por el conflicto y la intransigencia de los incontables, de esas masas anónimas, oscuras y resentidas que regresarían a ese sitio del que nunca debieron haber salido. Las tradiciones del igualitarismo fueron a parar al vertedero de la historia. Hizo su aparición triunfal el nuevo ciudadano-consumidor, figura arquetípica de un clivaje hiperindividualista en el interior de la sociedad, ese que se desplazaría con fervor de iniciado por los santuarios de las metrópolis contemporáneas: los shopping centers.
Pero lo que también comenzó a ser desmontado, junto con el vertiginoso giro de la economía de producción a la economía de especulación, fue el imaginario social que acompañó el tiempo del capitalismo bienestarista, aquel que hizo, a partir de la segunda posguerra, del Estado un referente insustituible a la hora de articular las relaciones entre el capital y el trabajo (del New Deal rooseveltiano, pasando por nuestra experiencia de un Estado de Bienestar bajo el primer peronismo hasta llegar a la edad de oro del bienestarismo socialdemócrata europeo, ese modelo fue lo propio de un largo período de la historia del siglo XX que sería brutalmente desmontado por el neoliberalismo allí donde inició su derrumbe el modelo, ya fracasado desde tiempo antes, del socialismo autoritario de la URSS, dejándole al capital, de todos modos, las manos libres para convertirse en el amo de la nueva situación mundial). El pasaje de la metáfora fabril a la metáfora financiera (adiós a las chimeneas y a los sindicatos, bienvenidos los yuppies de Wall Street, las carteras de inversores, la flexibilización laboral y el trabajo basura) vino a expresar la bancarrota de prácticas que remitían a una época esclerosada; puso en evidencia que estábamos en presencia de una mutación fundamental del capitalismo, y que esa mutación no iba a detenerse hasta resemantizar la totalidad de los lenguajes sociales, económicos, políticos y culturales.
Dicho de otra manera: el neoliberalismo, su lógica más profunda y decisiva, se dirigía hacia una transformación revolucionaria del conjunto de la vida social. En esa tarea de desmontaje de las viejas formas de vida y de representación, seguida de la construcción de una nueva subjetividad entramada con las demandas de la economía global de mercado, ocuparían un lugar central y privilegiado los grandes medios de comunicación. Pensar el neoliberalismo es interrogar por ese maridaje extraordinario entre mercancía e imagen, entre mercado y lenguaje mediático; es tratar de comprender el fenomenal proceso de culturalización de la política y de estetización de todas las esferas de la vida. Una de las derivaciones de este proceso ha sido la expropiación de la política, y su consiguiente vaciamiento, por el lenguaje de los medios de comunicación.
2 Lo que el filósofo francés Guy Debord, con anticipación genial -allá por los años ‘60-, había denominado la “sociedad del espectáculo”, aquella que se desplazaba hacia el dominio pleno y escenográfico de la pasión consumista y de sus “paraísos artificiales”, transformando a los seres humanos en espectadores cada vez más pasivos del verdadero sujeto de la época, la mercancía, constituyó lo propio de la travesía neoliberal. Se trató de una apropiación, por parte del capitalismo, de las fantasías y los deseos al mismo tiempo que se expandía planetariamente la industria del espectáculo, y la cultura, adecuada a los lenguajes audiovisuales y a su enorme capacidad de penetración, se convertía en una mercancía clave para la producción de una nueva humanidad. Lo que había prefigurado Hollywood desde los años ‘30 y ‘40, mostrándose como la avanzada brillante, innovadora y compleja de la americanización del mundo, señalando la importancia decisiva de la industria del espectáculo como vanguardia en la construcción de los nuevos imaginarios sociales, terminó siendo la materia prima a partir de la que el neoliberalismo logró naturalizar sus valores y sus intereses. Es inimaginable el despliegue planetario, global, del capitalismo financiero-especulativo, su capacidad para volverse hegemónico, sin ese rol decisivo de los medios de comunicación.
Por esas paradojas de la historia, los primeros que se dieron cuenta de la monumental importancia de las nuevas tecnologías de la comunicación y su relación directa con la política fueron los regímenes fascistas. Mussolini en Italia y Hitler y Goebbels en Alemania capturaron con maestría mefistofélica los poderes que emergían de la radiofonía. Con el giro de los acontecimientos, y una vez derrotado el totalitarismo, las triunfantes democracias occidentales se apropiarían con igual fervor de los potenciales propagandísticos y generadores de imaginarios social-culturales, que se guardan en los medios de comunicación de masas. La política quedó atrapada en esa lógica discursiva e iconográfica al mismo tiempo que la estetización y espectacularización emanados de los recursos propios de esos lenguajes contaminaban casi todas las esferas de la vida cotidiana. La astucia genial del sistema fue proyectar en la compleja trama a la que llamamos sociedad (transformada, por los mismos medios, en “opinión pública”) la imagen de que la corporación mediática era portadora de independencia, autonomía y capacidad crítica al mismo tiempo que garantizaba la libertad de expresión. Lo que se logró fue invisibilizar los lazos esenciales que vinculaban y vinculan a estas empresas con los intereses económicos dominantes. El neoliberalismo, como ideología del capitalismo tardío, comprendió que no era posible garantizar una profunda transformación económica si, al mismo tiempo, no se cambiaba la manera de mirar el mundo y de comprender la realidad. De lo que se trató es de la intensiva producción de un nuevo sentido común.
Más allá de la sobrevaloración, siempre discutible, que se pueda hacer del papel de las corporaciones mediáticas como definidoras de la opinión pública y como constructoras decisivas del sentido común, lo cierto es que ocupan un lugar destacadísimo en la estrategia de dominación del neoliberalismo. Son un factor sin el cual le sería muy difícil, a esa ideología, transformar sus intereses particulares en intereses del conjunto de la sociedad, mutando prácticas egoístas y exclusivamente ligadas al lucro y la rentabilidad en valores naturalizados en el interior de las conciencias. La proliferación de los lenguajes audiovisuales, su profundo arraigo en la intimidad de la vida cotidiana exigen, de la misma sociedad, una indispensable herramienta que le permita legislar adecuadamente impidiendo que la tendencia a la concentración y a la monopolización hagan del espectro comunicacional una incansable repetición del sentido común neoliberal. Entre la ideología y el mito, los lenguajes emanados de la corporación mediática apuntalaron el despliegue de nuevas formas de la subjetividad adheridas al reino de valores de un capitalismo que se leyó a sí mismo como la estación final y consumada de la historia.
De ahí, entonces, la crucial importancia que adquiere, en términos de una ampliación de la circulación democrática de la comunicación y la información, el debate que se está llevando a cabo en el Congreso de la Nación en torno del proyecto de una nueva ley de servicios audiovisuales. Lo medular de la disputa político-cultural se juega en estas discusiones, no porque una ley vaya a garantizar una espontánea transformación de los valores reinantes sino porque, al menos, logrará impedir que sigan proliferando los monopolios y abrirá el juego para que otros actores entren en la conversación. De eso se trata, entre otras cosas, la democracia. Dicho de otro modo: en una sociedad atravesada de lado a lado por los lenguajes de la comunicación y la información resulta inimaginable que ese campo abrumador y decisivo permanezca al margen de las grandes disputas político-culturales. En el interior de ese mundo en el mundo se despliegan imágenes, ideas, proyectos, lenguajes, formas de la sensibilidad, mitos que se entraman capilarmente en la cotidianidad de nuestras vidas. Leerlos desde la inocencia o creyendo que en su interior se privilegian centralmente los modos de la diversidad y la pluralidad constituye, a estas alturas de la travesía argentina y mundial, un desplazamiento del eje de la discusión hacia la más crasa complicidad con los factores de poder que se manifiestan en los núcleos duros y concentrados de los medios masivos de comunicación. La búsqueda, tal vez ilusoria pero imprescindible, de una mayor democratización en la distribución y producción de la comunicación es un desafío de primera magnitud a la hora de imaginar un giro más participativo y plural. El poder corporativo lo sabe y, por eso, va con todas sus armas contra un proyecto de servicios audiovisuales que viene a amenazar su hegemonía.