miércoles, 28 de octubre de 2009

NO!

HAY SI SE LEVANTARAN DE LA TUMBA..
El viejo Pepe Batlle, de origen catalán, hijo de Lorenzo Batlle también presidente, supo estar detenido y preso en varias ocasiones por oponerse a las dictaduras de Latorre y Santos, siendo minoría dentro del partido colorado.
Asumió en 1903 su primera presidencia y por 25 años fue la figura política más notable, influyente y revolucionaria que tuvo el Uruguay.
Con la derrota militar sobre Saravia y la muerte de este en la guerra civil de 1904, fueron definitivamente controladas las rebeliones rurales en defensa de la “Patria” que pusieron en jaque los anteriores gobiernos.
Aquella “Patria”, (del latín patria, familia o clan > patris, tierra paterna > páter, padre) evocada ayer y hoy por caudillos que arrastran al pueblo, a la gente sencilla, convencidas de su amor por la tierra de sus padres como un ideal, no era más que una abstracción falsa del patriotismo político en beneficio de una minoría explotadora. Señores feudales, latifundistas, oligarcas dueños de propiedades, de tierras o de grandes acumulaciones de dinero, pertenecientes a una misma clase social, con gran poder político e influencia sobre sus masas.
Las reformas económicas y sociales que llevo a cabo le permitieron al país, ser uno de los más estables, política y económicamente de América latina. De clases medias, en el que “los ricos fueran menos ricos para que los pobres fueran menos pobres” mediante un Estado intervencionista y redistribuidor, creando monopolios estatales, estatizando la banca, nacionalizando aspectos básicos de la economía con un proteccionismo moderado y una legislación socialista de avanzada.
Un fuerte anti clericalismo con la separación de la Iglesia Católica de los asuntos del estado, un humanismo marcado con una legislación laboral y social notablemente avanzada, por las leyes de divorcio y regulación de la jornada laboral de ocho horas, descanso semanal obligatorio, ley de prevención de accidentes de trabajo, protección al trabajo de mujeres y niños, pensión a la vejez y a la indigencia, amparo a los desocupados, derecho de huelga, protección a los derechos de los hijos naturales y una notable extensión de la enseñanza (creación de los liceos, instalación del Ministerio de Instrucción, de la Comisión Nacional de Educación Física, creación de la Universidad de Mujeres, nuevas facultades –Ingeniería, Arquitectura, Agronomía, Química, Veterinaria–, Instalación de escuelas y liceos nocturnos para los trabajadores) y un sistema electoral depurado que, pese a sus limitaciones y defectos, permitió que el país transitara en paz durante 30 años; y todo esto sólo durante las dos presidencias (1903 – 1907, 1911 – 1915) a lo que le debemos sumar el monopolio de los seguros (Banco de Seguros del Estado – 1911), creación del Banco Hipotecario del Uruguay (1912), monopolio de la energía eléctrica y del servicio telefónico a través de UTE (Usinas y Teléfonos del Estado, posteriormente Usinas y Transmisiones Eléctricas, 1912) nacionalización del BROU Banco de la República Oriental del Uruguay (1911), creación de la Asociación de Ferrocarriles del Estado (AFE) y una gran labor posterior de sus continuadores, así como de legisladores nacionalistas y socialistas, y por la naciente izquierda marxista entre otros.
El pepe Batlle murió en 1929 dejándonos un legado histórico, para muchos olvidado pero para nosotros vigente, una sociedad más justa, fuertemente laica, con los aspectos más importantes de la economía en manos de un Estado republicano fuerte y benefactor, el cual los posteriores gobiernos se encargaron de cargar con clientelismo y amiguismo, dándole un giro corrupto a favor de los intereses electorales del gobierno de turno y que hoy pregonan “ACHIQUEN EL ESTADO POR FAVOR”.
80 años pasaron desde la muerte del Pepe y hoy vive el ideal y la doctrina en aquellos que dentro y fuera del partido colorado continúan su obra. Ese ser republicano, trabajador y austero le dio significado nuevamente a aquella causa y se manifiesta entre todos los orientales que construyeron ese Uruguay de libertad, de equidad y oportunidades.
Quienes tuvimos la oportunidad y la paciencia de ver hasta el final el discurso que del Dr. Lacalle la noche madrugada de las elecciones, asistimos a una vulgar manipulación de la conciencia ciudadana donde con lágrimas en los ojos y una labilidad emocional propia de quien se encuentra al borde de un colapso nervioso, el presidenciable se despachó con una confesión, el de ser el instrumento de la DIVINA PROVIDENCIA para regir los destinos del país.
El mismo país, el mismo pueblo, el mismo ideal que todos los batllistas vimos amenazado por el neo liberalismo practicado, predicado y ejecutado con éxito hace 15 años, por este señor con berretines de Mesías.
Es el sentimiento patriótico, típico del oligarca patricio y católico con reminiscencias en el nacional catolicismo de la España de Francisco Franco, el tradicionalismo engañoso que invita arengando a apoyar una causa divina, aprovechándose vilmente del sentimiento sincero y real del pueblo por su patria.
Como se atreve este señor a levantar las manos al pueblo que lo votó formando la “W” de Wilson Ferreira Aldunate, “AL ULTIMO DE LOS MEJORES” siendo uno de los BLANCOS BARATOS que firmaron el “Pacto Chico” con Juan María Bordaberry, quien sería el último DICTADOR de este País y padre de PEDRO, su actual aliado incondicional. Evocar a Wilson después de su oda al Dictador Francisco Franco, mientras el joven Wilson Ferreira militaba a favor de la República española y contra los fascismos emergentes en toda América como la quería implantar el DICTADOR Terra con el apoyo de su abuelo Luis A. de Herrera? Como se atreve a evocar al Wilson de la explanada municipal cuando en 1971 en vez de elegir al Wilson Progresista y social demócrata de la reforma agraria y la nacionalización de la banca, le dio su apoyo al conservador General Mario Aguerrondo, fundador de la logia “Tenientes de Artigas” y golpista junto a Bordaberry. OTRA HUBIESE SIDO LA HISTORIA
Hoy pactaron respaldo mutuo, y a espaldas del pueblo acuerdan y concuerdan el reparto del poder como hace más de 100 años desde el “Pacto de la Cruz” y más, lo vienen haciendo.
El triunfo militar de Batlle y su exitoso gobierno, instauró en el País los pilares fundamentales de una verdadera REPUBLICA (del latín res pública, lo público), con participación política activa por parte de los ciudadanos, división de poderes y su control recíproco, representación de todas las clases sociales dentro de las instituciones de gobierno con iguales atribuciones y prevalencia de ninguna, libertad-igualdad "solo somos libres entre iguales" , no puede haber una clase gobernante, deben gobernar todas por igual )y terminó con la dualidad de poder entre blancos y colorados, las órdenes impartidas por el gobierno se acatarían en todo el País, erradicando la coparticipación política de ambos donde el ejercicio del poder era del partido vencedor de las elecciones como rezan sus palabras:
“Reputo errónea la teoría de la política de coparticipación, según la cual los ministerios deben constituirse, en parte, con hombres de opiniones y tendencias contrarias a las del Poder Ejecutivo, pues no es posible que haya tarea de aliento ni fecunda allí donde obedezcan a planes distintos y contradictorios los obreros encargados de realizarla”
Poco duraría ese legado en los sucesivos gobiernos que nada tienen que ver con sus ideas, pero ayer y hoy, muchísimos blancos “libres” y social progresistas como Wilson Ferreira y Eduardo Acevedo Diaz, expulsado del Partido Nacional por apoyar a Batlle, como innumerables Batllistas fieles al ideal republicano decimos NO. ..NO LO VAMOS A VOTAR!
Como dijimos “libremente” NO en 1980, como dijimos NO a la ley de empresas públicas impulsada por el modelo neoliberal del corrupto gobierno lacallista para dilapidar el patrimonio del Estado…
Y POR TANTOS OTROS NO, QUE ENGAÑADOS, NO TUVIMOS OPORTUNIDAD DE DECIR.

Un Oriental tan ilustrado, como valiente.

martes, 27 de octubre de 2009

LA POLITICA Y LAS PALABRAS

LA POLITICA Y LAS PALABRAS

Por Constanza Moreira

Los griegos decían que los hombres eran capaces de política porque tenían el logos. El logos era la razón, pero también eran las palabras. Esas que sirven para diferenciar lo que está bien de lo que está mal. Y también las que sirven para comunicarnos entre nosotros. El reino de la política, entonces, es el de las palabras, y la política existe porque existen las palabras.

Los griegos eran conscientes de que existe un mundo de poder que no reside en las palabras sino en la fuerza, en la violencia, en la obediencia al más fuerte. Pero para ellos, esto no constituía política. La violencia no era política. Era pre política. La política era lo que venía después, cuando la violencia se había superado.

El poder político no se ejerce con el garrote ni la espada, sino con las palabras. Para ser ejercido, precisa convencer. Y es por eso por lo que los griegos creían que los políticos debían dominar el arte de la retórica, antes que el arte de la guerra.

En estos días de campaña, las palabras lo son todo. Palabras para convencer, para seducir, pero también palabras para descalificar. El spot publicitario que se autodenomina "Mentiras verdaderas" y se ha lanzado repetidamente en la televisión desde que comenzó la campaña mediática este viernes, es el ejemplo de una política de las palabras puramente negativa. No convence, no seduce, sino que intenta descalificar. El Frente Amplio habría mentido, y el spot publicitario sirve para denunciarlo. Pero, ¿se convence a alguien de algo con esto? No, difícilmente un mensaje negativo convenza o seduzca. Está destinado a fomentar la imagen negativa del otro. Del Frente Amplio, del gobierno, o del propio Mujica.

En algunos países, la propaganda negativa del adversario está severamente limitada y existen tribunales electorales que juzgan al respecto e imponen normas de "buena conducta" para los contendores. Así, obliga a hacer propaganda positiva y elimina las referencias cruzadas entre candidatos y partidos. Cada uno hace campaña de sí mismo, y no por oposición al otro.

Pero no es éste el caso en nuestro país, y la campaña negativa campea, aprovechando algunos flancos débiles en las filas de la propia izquierda uruguaya. El libro "Pepe Coloquios" ha estado en el centro de la tormenta mediática de esta semana, y de lo que se trata, justamente, es de las palabras. Las palabras dichas, y las palabras escritas, las opiniones, discutibles, de nuestros candidatos. También el presidente Vázquez se ha referido a los dichos de Mujica, y sus palabras, duras, han evidenciado las propias dificultades de la izquierda para con sus propias contradicciones.

Decir, como solía decir Seregni, "los hermanos sean unidos, en cualquier tiempo que fuera, porque si entre ellos pelean, los devoran los de afuera", es recordar lo más elemental de una política de la izquierda: porque a la izquierda la unen las convicciones, las ideas, el sentido de pertenencia, y la solidaridad y la simpatía recíproca. No la unen los intereses, sino algo bastante más inmaterial y afectivo. Y por ello tanto más frágil, y necesario de cuidar.

Las tradiciones de la izquierda, de todas las izquierdas, han sido las del debate, la discusión permanente, los congresos litigiosos, las asambleas interminables. Si algo caracteriza a la política de la izquierda, son las palabras.

Palabras que no significan nada para otros, como "revolución", "socialismo", "unidad", "solidaridad", son caras a la izquierda, y representan símbolos, ideales ­vigentes o perdidos­, imágenes convocantes de un mundo al que se aspira. La izquierda ha dado siempre una lucha por los conceptos, una batalla comunicacional y simbólica por construir una identidad propia, diferente al statu quo, y por ello ha vivido en pelea discursiva permanente con el discurso dominante. El propio sentir que se "es de izquierda" nombra una identidad, una pertenencia, un sentido positivo de la ideología. Nadie en la derecha se siente orgulloso de ser "de derecha" (con excepciones, claro). Más aún, la propia derecha se caracteriza por negar la diferencia entre izquierda y derecha. El llamado "fin de las ideologías"; es decir, un tiempo histórico en el que todas las ideologías hayan muerto, es una proposición clásica del pensamiento conservador.

Es la importancia de las palabras lo que hace que la propia izquierda, hoy, también enfrente las dificultades que enfrenta. En primer lugar, porque tiene un candidato que habla, que opina y que dice cosas permanentemente. Discutibles, sin duda, pero lo cierto es que él representa, más que ningún otro, a la política de las palabras. Y ha sido esa permanente conversación que ha sostenido con los uruguayos y consigo mismo a lo largo de este último cuarto de siglo, la que le ha valido el lugar en el que está. O sea que, controversial y discutible, no cabe duda que Mujica es un auténtico ejemplar de la política desde la palabra.

Y eso no está mal, porque Uruguay hereda desde la dictadura una política del silencio. De eso no se habla, eso no se dice. La discusión sobre la "historia reciente" que se ha dado en este país con el advenimiento del gobierno del Frente Amplio (aunque comenzara antes) muestra la difícil emergencia de interpretaciones distintas al discurso "oficial" sobre los años oscuros. Y quizás ahora pocos lo recuerden, pero a la dictadura, antes, no podíamos nombrarla. Le llamábamos el "régimen de facto", o simplemente, "el régimen". Nos costó mucho usar la palabra "dictadura", e incorporarla al lenguaje; en parte porque había sido expresamente prohibida y erradicada del uso público. Sí, la dictadura también fue eso: la prohibición de las palabras.

Mujica continuará hablando, y no sólo porque ésa es su principal virtud sino también porque hablará a través de todos los libros que se escriben sobre él, de los documentales que se filman, de las entrevistas que se le realizan. Por muchas razones, es él, al igual que Evo Morales, Lula, u Obama, el que concita una atención que trasciende, con mucho, su rol político específico. Pero habrá otras formas más amigables de escucharlo, como se lee en el reciente "Sueños del Pepe" de Blixen, donde otra vez aparecen las palabras. Dice Blixen, refiriéndose a la forma de hablar de Mujica: "Serán largos monólogos, con idas y vueltas, repitiendo, reforzando conceptos, en un movimiento en espiral, que bosqueja lo general, aterriza en lo particular y vuelve a subir para tocar utopías; golpeando la mesa para acentuar las afirmaciones, levantando la voz, cayendo en silencios que escogen las palabras, caminando agitado por la cocina, susurrando frases que no termina porque lo asaltan nuevas ideas, saltando de un tema a otro, en una dispersión que al final exhibe una coherencia robusta".